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Bendición de un Anciano

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Es muy importante que aprendamos a respetar, valorar, cuidar y amar a nuestros ancianos,
sin ellos las nuevas generaciones no estuviéramos aquí.

BENDITO Aquel que me ayude sobre todo cuando no se lo haya pedido.
BENDITO Aquel que me ofrece una sonrisa, una palabra amable o un poco de su tiempo.
BENDITOS Aquellos que saben hacerme revivir mis bellos recuerdos de tiempos pasados.
BENDITOS Aquellos que me soportan y no me harán sentir el peso de mi pensamiento que camina lentamente envuelto en telarañas y miedo.
BENDITOS Aquellos que se dan cuenta que mi vista se nubla y me extienden la mano.
BENDITOS Aquellos que estén a mi lado y me hagan sentir útil aunque no lo sea.
BENDITO Aquel que me dice y me hace entender que todavía hay alguien que me ama y piensa en mi.
BENDITO  Aquel que no se avergüence de mi y mis torpezas.
BENDITOS Aquellos que toquen la puerta de mi soledad y me regalen un poco de su tiempo.
BENDITOS  Aquellos que comprenden el temblor de mi mano y mi camino cansado.
BENDITOS Aquellos que me hablen en voz alta para ahorrarme la humillación de mi sordera.
BENDITO Aquel que finge con cortesía, ignorar durante mis tiempos de comida todo aquello que hago que resulta molesto.
BENDITOS Aquellos que me escuchen con paciencia cuando repito las mismas cosas sin darme cuenta.
BENDITO Aquel que evite las espinas de mi camino a la Eternidad.

Posted By El equipo de mundodiverso.com

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Cuando los padres envejecen…

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Martes, 30 octubre, 2007

Querido hijo… querido nieto…

El día que me veas mayor y ya no sea yo, ten paciencia e intenta enterderme.

Cuando, comiendo, me ensucie; cuando no pueda vestirme: ten paciencia, recuerda las horas que pasé enseñándotelo.

Si cuando hablo contigo, repito las mismas cosas mil y una veces, no me interrumpas y escúchame.

Cuando eras pequeño, a la hora de dormir, te tuve que explicar mil y una veces el mismo cuento hasta que te entraba el sueño.

No me avergüences cuando no quiera ducharme, ni me riñas; recuerda cuando tenía que perseguirte y las mil excusas que inventaba para que quisieras bañarte.

Cuando veas mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, te pido que me des el tiempo necesario y no me mires con tu sonrisa burlona.

Te enseñé a hacer tantas cosas… comer bien, vestirte… y como afrontar la vida; muchas cosas son producto del esfuerzo y la perseverancia de los dos.

Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar; y si no puedo hacerlo, no te pongas nervioso, seguramente lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas.

Si alguna vez no quiero comer, no me obligues; conozco bien cuando lo necesito y cuando no.

Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar, dame tu mano amiga de la misma manera en que yo lo hice cuando tu diste tus primeros pasos.

Y cuando algún día te diga que ya no quiero vivir, que quiero morir, no te enfades; algún día entenderás que esto no tiene nada que ver contigo, ni con tu amor, ni con el mío.

Intenta entender que a mi edad ya no se vive, sino que se sobrevive.

Algún día descubrirás que, pese a mis errores, siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tu debías hacer.

No debes sentirte triste, enfadado o impotente por verme de esta manera.

Debes estar a mi lado; intenta comprenderme y ayúdame como yo lo hice cuando tú empezaste a vivir.

Ahora te toca a ti acompañarme en mi duro caminar.

Ayúdame a acabar mi camino, con amor y paciencia.

Yo te pagaré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido.

Te quiero hijo.

Tu padre, tu madre, tus abuelos…