Dorothy Wilde

nació en 1895, pocos meses después de que su polémico tío Oscar fuese juzgado y encarcelado, convirtiéndose en la única heredera del apellido y el talante de los Wilde. Heredó el ingenio de su tío y los desequilibrios de su padre, Willy Wilde, así como su propensión al alcohol y su falta de constancia.

De esbelta figura, un enigmático poder en la mirada y un enorme parecido físico con su tío, Dolly Wilde se vestía, para imitarlo, con corbata ancha, pantalones ceñidos y un abrigo de piel raída.
Sin embargo, su parecido con él aumentaba hasta ser “una brillante versión femenina de Oscar” cuando se vestía de sí misma.

Tenía un exquisito dominio de la palabra y el don de hacer que lo más serio del mundo acabase en carcajadas.

Con su imaginación, su elegante oratoria, su sentido de la sátira y un personalísimo estilo, llegó a ser el centro de atención de las fiestas que animaban París y Londres en los locos años veinte.

Algo que se puso de manifiesto en el famoso salón de la rue Jacob regentado por Natalie Barney, sin duda el más subversivo salón literario de toda la historia.

Pero Dolly se dedicó a malgastar estas cualidades que podrían haberla convertido en una figura literaria. Según su biógrafa, “despilfarró” sus enormes dotes y se dedicó a deslumbrar en privado a escritores famosos. De ella solo se conservan unas 200 cartas en una pequeña biblioteca parisina.
Dolly heredó el encanto y el talento de los Wilde pero también su tendencia a la autodestrucción. Antes de salir a actuar necesitaba del alcohol y de las drogas para ponerse en forma.

Tampoco su vida amorosa fue un remanso de paz. Flirteó con Colette, Isadora Duncan, Gertrude Stein y Marguerite Yourcenar, y fue una de las amantes destacadas de Natalie Barney.

A partir de 1927 Dolly estuvo en el centro del mundo brillante y glamouroso de la salonier, quien solía embarcarse en múltiples aventuras amorosas simultáneas. Dolly era la segunda, después de Romain Brooks. Cuando la insaciable Natalie andaba persiguiendo nuevas conquistas, Romain, en un arrebato de ternura, enviaba dinero y palabras de consuelo a su “competidora”.

Pero, en otras ocasiones, sentía la necesidad de demostrar su primacía y Dolly tenía que viajar a Londres, Varsovia o Biarritz. El sufrimiento que le provocó este ir y venir a merced de la otra relación de Natalie contribuyó, en gran medida, a que siguiera buscando refugio en la bebida e inspiración en las drogas.

Dolly fue la primera en llamar al círculo íntimo de la Barney “Los Caballeros de la Tabla Redonda de Natalie”. En el famoso y satírico Ladies Almanack, Djuna Barnes parodia la costumbre de Dolly ­Doll la Furibunda en el libro- de quedarse en la cama, y su afición a contar historias. Cuando lo hacía, su voz clara y profunda hechizaba al público de la llamada Académie des Femmes. Sin embargo, ese gusto por narrar no concernía a su propia vida, respecto de la cual siempre guardó silencio.
De su infancia, solo ha trascendido una anécdota. Siendo niña comía terrones de azúcar empapados en el perfume de su madre.

Siempre a expensas del dinero ajeno, vivió y murió con la misma intensidad y en un ambiente de lujo. Su muerte, en la primavera de 1941 está rodeada de coincidencias inquietantes.
Vivió en París al lado del hotel en el que Oscar murió y murió, en un apartamento de Londres, al lado del hotel en el que Oscar vivió; sola, a la misma edad que su padre y que su tío y como consecuencia de las mismas adicciones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s